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Un chequeo rápido puede evitar un accidente eléctrico

La electricidad acompaña cada tarea en oficinas y talleres, pero un descuido menor puede generar un incidente serio. La prevención de riesgo eléctrico empieza con una observación atenta del entorno y con decisiones simples que fortalecen la seguridad diaria.

Chequeos que marcan la diferencia
Un recorrido visual por los puestos revela más de lo que parece. Cables aplastados, tomas flojas o extensiones deterioradas son señales claras de alerta.

Conviene reemplazar de inmediato los elementos dañados y revisar que las zapatillas tengan interruptor y protección adecuada.

También suma verificar el estado térmico de los tomacorrientes: si muestran calor o marcas oscuras, requieren intervención técnica. En talleres, la revisión debe incluir tableros, disyuntores y protecciones diferenciales para asegurar un funcionamiento estable.

Hábitos seguros en el uso cotidiano

La conducta diaria también influye en la prevención de riesgo eléctrico. Conectar equipos solo en tomacorrientes en buen estado, evitar sobrecargas y mantener las manos secas reduce riesgos. Apagar los dispositivos antes de desconectarlos disminuye el desgaste de los contactos.

Además, ayuda mantener los cables visibles y sin tensión, lejos de zonas de humedad y sin obstrucciones debajo de alfombras o mobiliario.

Mantenimiento que sostiene la seguridad
Las inspecciones programadas permiten anticipar fallas y ordenar acciones correctivas. Anotar hallazgos y solicitar servicio técnico especializado asegura intervenciones adecuadas. Actualizar protecciones y revisar el estado general del sistema eléctrico crea un entorno más confiable y disminuye interrupciones en la actividad diaria.

Esta combinación de chequeos simples, hábitos ordenados y mantenimiento planificado fortalece la seguridad del espacio de trabajo. Cada ajuste suma y contribuye a que las tareas se desarrollen sin sobresaltos.