Columna del Experto

COVID-19, la pandemia y el género

29/04/2020

Equipo de Servicios de Prevención – Provincia ART

La pandemia del COVID-19 genera desafíos para todas las sociedades y todos sus miembros. Pero ¿cómo impacta específicamente a las mujeres y, en particular, a las mujeres trabajadoras? ¿Qué riesgos enfrentan estas mujeres para su salud y seguridad laboral en tiempos de aislamiento?

Es habitual encontrar en los medios de comunicación debates y noticias acerca de la desigualdad laboral que enfrentan las mujeres, su porcentaje de participación en posiciones de liderazgo, la existencia de brechas salariales o un techo de cristal. Pero en materia de salud y seguridad laboral el abordaje de género no ha tenido aún tanta difusión en Argentina.

En Provincia ART estamos comprometidos con el tema y, en ocasión del Día de la Mujer 2020, compartimos una investigación sobre las mujeres profesionales de seguridad e higiene (Abriendo Caminos). Como parte de nuestros esfuerzos por visibilizar los desafíos de la mujer trabajadora, en este artículo analizamos la exposición a riesgos que tienen en este contexto de pandemia y aislamiento.

Mujeres y COVID-19

Los datos epidemiológicos globales muestran mayor proporción de hombres contagiados y fallecidos por COVID19 que mujeres. Algunos estudios relacionan esta realidad con los factores de riesgo (fumar, consumo de alcohol) y las enfermedades cardíacas con mayor prevalencia en los hombres. Por ejemplo, en Argentina, de las personas fumadoras un 57% son varones y un 43% mujeres. ¿Esto quiere decir que no es necesario adoptar una mirada de género sobre el COVID-9? ¡Momento! Hagamos una lectura un poco más profunda de los datos.

Las mujeres y el trabajo en Argentina

Hasta antes del aislamiento, la brecha salarial entre hombres y mujeres en la economía registrada había mejorado en 2019 y se ubicaba en torno al 22.7% (36% para los no registrados). Esta brecha se explica no solo por la diferencia en remuneraciones frente al mismo trabajo, sino por la mayor participación de trabajadoras mujeres en empleos con menor remuneración. Veamos algunos ejemplos:

  • el 98% del personal de casas particulares son mujeres (realizan tareas de limpieza y cuidado de personas);
  • las mujeres predominan los servicios de salud (son el 71%, según datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial), especialmente en los establecimientos de salud pública;
  • también son mayoría en los servicios educativos (73% de participación de mujeres) donde, pese a encontrarse suspendidas las clases presenciales, en los establecimientos públicos se continúa asistiendo a los niños con viandas y alimentos.

Estos datos generan inquietudes sobre la mayor exposición de la mujer a condiciones inseguras frente a la necesidad de subsistencia (tiene trabajos peor remunerados o más precarizados y por ende necesita generar ingresos, aunque se exponga a riesgos), y a su mayor exposición a partir de la naturaleza de las tareas que realiza (cuidado de personas, salud).

La “doble presencia” en clave de aislamiento

La pandemia y el aislamiento también han generado cambios en una división histórica del trabajo: el productivo (que coloca “algo nuevo” en el mundo, asociado al trabajo remunerado, fuera de casa y al universo de lo masculino) y el reproductivo (el que “reproduce las condiciones” para que el trabajo productivo exista, es doméstico: limpieza, alimentación, cuidado de los niños y de los adultos mayores).

El Observatorio Social de la UCA informaba que en la provincia de Buenos Aires casi todas las trabajadoras tienen una doble jornada ya que dedican a las tareas de la casa y el cuidado casi el mismo tiempo que al trabajo remunerado; mientras que solo la mitad de los hombres enfrentan la misma carga. En prevención de riesgos laborales, a este factor se lo denomina la “doble presencia”.

Hoy, trabajando muchas personas desde el hogar, las fronteras entre lo productivo y lo reproductivo se difuminan, los roles se replantean y las tensiones y riesgos psicosociales pueden incrementarse. Así, las mujeres se enfrentan con la dificultad de conciliar su actividad laboral con la de su círculo familiar o se ven imposibilitadas de continuar con su labor. Como comenta la experta Georgina Sticco –Grow Género y Trabajo- “con el cierre de escuelas y lugares de trabajo, es probable que la carga de trabajo no remunerada aumente aún más: a las tareas cotidianas se suma el continuar con las actividades escolares, así como brindar apoyo y contención a los/as niños/as a tiempo completo y mantener los niveles de higiene y limpieza del hogar”; y alerta: “la situación para los hogares monoparentales es mucho más compleja, dado que no se tiene con quién repartir estas tareas”.

Una mirada desde la prevención

Resolver la brecha de género es una tarea que supera el contexto actual. Las organizaciones que trabajan el tema de género, como ONU Mujeres, se enfocan en cómo mitigar los aspectos adversos de la pandemia sobre las trabajadoras.

  • Trabajar en base a datos: contar con información desagregada por género sobre población económicamente activa, empleada, desempleada, registrada y no registrada por tipo de actividad; así como también sobre infectados y fallecidos. La información es clave para poder diseñar acciones preventivas y adoptar mejores soluciones focalizadas.
  • Garantizar el acceso a información para el autocuidado y elementos de protección personal para todos los trabajadores que están desempeñando tareas en forma presencial, en particular para las mujeres en tareas esenciales como las sanitarias y de cuidado de personas (su participación es tan mayoritaria en estas actividades que, si se enferman en grandes proporciones, será difícil compensar la escasez de recursos humanos calificados).
  • Derribar mitos y deconstruir estereotipos: estamos en un momento ideal para redefinir los roles en el hogar, redistribuir la carga de tareas “reproductivas” y valorizar el trabajo de las mujeres (tanto dentro como fuera de las casas). El impacto de estas redefiniciones sobre los riesgos psicosociales (hoy en aislamiento, y a futuro en la nueva normalidad) puede ser enorme.
  • Involucrar a las mujeres en las decisiones y garantizar su participación. Construir ambientes de trabajo más sanos y seguros implica reconocer la diversidad de los trabajadores y las trabajadoras.

Es cierto que la pandemia llegó y reconfiguró nuestros roles, costumbres, hábitos, maneras de trabajar, etc., y también es cierto que estamos siendo contemporáneos de un nuevo mundo. Sin embargo, las brechas de género aún existen y siguen siendo injustas. Tal vez podamos aprovechar este envión que se nos impone, para replantearnos como construir una sociedad más justa, equitativa y que incluya a todos por igual, involucrando en nuestra agenda las cuestiones de género. Es un debate que nos debemos.

Fuentes de información:

GROW  Género y Trabajo – https://generoytrabajo.com/2020/04/06/coronavirus-clave-genero/

INDEC – Dossier estadístico 8m – https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/publicaciones/dosier_estadistico_8M.pdf

ONU Mujeres – https://lac.unwomen.org/es/digiteca/publicaciones/2020/03/covid-como-incorporar-a-las-mujeres-y-la-igualdad-de-genero-en-la-gestion-de-respuesta

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