Columna del Experto

COVID-19: CONVIVIENDO CON EL VIRUS

24/11/2021

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*  Por Verónica Dominguez – Coordinadora de Prevención en Provincia ART

Mientras algunos países atraviesan la tercera o cuarta ola, Argentina parece estar viviendo un “veranito” anticipado. ¿Qué esperar del futuro? Vacunas para todas las edades, tercera dosis, medicamentos y vida cotidiana.

Más de un año y medio después de la declaración de la emergencia sanitaria global a raíz del COVID-19, hemos recorrido un largo camino en términos de aprender a controlar la enfermedad y convivir con ella.

Escribo estas líneas un 16 de noviembre mientras recorro los sitios web con estadísticas para recordar cómo estábamos hace un año atrás. Hoy tenemos algo más de 520.000 casos nuevos de COVID-19 a nivel mundial. ¿Y saben qué? El 16 de noviembre de 2020 teníamos 530.000. En cuanto a personas fallecidas, en ambas fechas había alrededor de 7.000 casos. Como si esto fuera poco, la Organización Mundial de la Salud ha advertido recientemente sobre una posible cuarta ola en Europa, especialmente en Alemania, Francia, Austria, Países Bajos, Rumania, Bulgaria y República Checa.

Una posible lectura de estos datos es que, en tantos meses, prácticamente no cambió nada. Pero, si salgo a la calle o miro la televisión observo a las personas caminando en las veredas y viajando en transporte público. Los comercios están abiertos, las fábricas trabajan activamente, los restaurantes tienen las mesas ocupadas y los espectadores llenan los estadios de fútbol, los cines y otros sitios de espectáculos. Eso sí, con aforos, con tapabocas, con pases especiales y con vacunas.

Haciendo un zoom sobre Argentina, las cifras sí se han modificado, y sustancialmente. Un año atrás registrábamos 7.9000 contagios, y ahora apenas 1.600. Teníamos 291 fallecidos. Hoy tenemos que lamentar la pérdida de 44 vidas. ¿Entonces, en qué se diferencia nuestro país de otras regiones del mundo?

En primer lugar, el clima. Estamos acercándonos al verano y no podemos dejar de mencionar que, al igual que sucede con la gripe, la llegada del clima cálido fomenta que las personas ventilen los ambientes y pasen tiempo al aire libre. Y hemos aprendido que el virus del COVID-19 es menos probable de propagarse en exteriores y en ambientes bien ventilados.

En segundo lugar, las vacunas. A diferencia de otras culturas, en Argentina la vacunación (obligatoria para muchas otras enfermedades y voluntaria para otras) está instalada y el nivel de cuestionamiento social es bajo. Si bien inicialmente y durante algunos meses hubo dificultades en la provisión de vacunas y la rapidez en el esquema de aplicación, actualmente estamos en un 79.8% de la población con al menos una dosis y 60% con el esquema de vacunación completo. Hay vacunas disponibles hasta para niños pequeños y diversos grupos con pre-existencias y sensibilidades especiales están accediendo ya a la tercera dosis.

En tercer lugar, el cambio de hábitos.

  • El tapabocas se ha incorporado a nuestra vida cotidiana, especialmente en lugares cerrados. Aún hay deficiencias en la forma en que lo usamos, pero las sostenidas campañas de comunicación funcionan como recordatorio de su importancia.
  • El saludo manteniendo la distancia social, así como el evitar compartir el mate y otros utensilios también son nuevos hábitos que han llegado para quedarse y que sostenemos en el tiempo.
  • El retorno presencial a las escuelas y los lugares de trabajo no esenciales ha sido una prueba de fuego de estos cambios que, por el momento, parecería que estamos superando.

Finalmente, también estamos incorporando nuevos controles y prácticas como el testeo (hisopado o saliva) previo y posterior a los viajes o a interacciones que supondrán la conformación de burbujas diferentes a las del grupo familiar o conviviente. También nos habituamos a utilizar la aplicación CuidAR y los certificados de circulación para viajes turísticos y otra clase de desplazamientos. Pronto, seguramente, usaremos la app para evidenciar nuestra condición de vacunados y así poder acceder a diferentes espacios cerrados -tal como sucede con el Green Pass europeo, por dar un ejemplo.

Entonces, ¿qué podemos esperar del futuro? Como ya hemos visto, el virus de COVID-19 muta y las diferentes variantes van modificando los desafíos que enfrentamos. Algunas son más contagiosas, más leves, o más virulentas. Más allá de las variantes y las cepas hemos aprendido cómo funciona el virus, qué medidas de prevención son más efectivas y que acciones médicas y farmacológicas (vacunas -para todos los grupos poblacionales con el objetivo de lograr la inmunidad colectiva-, medicación, tratamiento y rehabilitación) dan mejores resultados. Un reciente estudio de la Unión Europea afirma que aún no está claro si podremos erradicar el SARS-CoV-2 en un plazo de 3 a 5 años, ya que esto dependería de un compromiso político mundial y un consentimiento público uniforme (en relación con la vacunación masiva).

Quizás nunca volvamos a una situación igual a la pre-pandemia. Quizás, si de aquí a un año vuelvo a consultar las estadísticas, siga habiendo varios cientos de miles de contagios. Pero, los aprendizajes que hemos incorporado en todos estos meses nos dan la pauta de que podemos convivir con el virus, adoptando medidas de salud pública, y evitando sus consecuencias más graves.

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