Técnicas de prevención

RUIDO: ESE COMPAÑERO INVISIBLE 

29/06/2022

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*Por Verónica Dominguez, Subgerenta de Prevención, Provincia ART. 

El ruido es un riesgo para nuestra salud. Tenemos presente y visible al ruido laboral, pero ¿qué pasa con el ruido en nuestra vida cotidiana? 

6.30: suena el despertador y me levanto al ritmo de una chicharra estridente, lo suficientemente fuerte como para no volver a quedarme dormida. Mientras me preparo un café, prendo la televisión para ver cómo están el tránsito y el clima. Desde afuera ya se escuchan los colectivos en la calle y tengo que subir el volumen un poco para oír lo que dicen en el noticiero. 

7.15: salgo de casa y, en la esquina, una cuadrilla del gas está picando el asfalto para hacer un arreglo. Ocupan un carril entero de la avenida y los autos se amontonan, nadie puede avanzar. Entre el martillo neumático y los bocinazos, por más que ajuste el volumen de mis auriculares y los meta bien adentro de mis orejas no logro escuchar la canción que elegí. 

7.20: en el andén del subte el panorama no es mucho mejor, el bullicio de la gente se mezcla con un anuncio ininteligible por el altoparlante y el chirrido que hace la formación al frenar en la estación. Adentro del vagón, parada y apretada, oigo las conversaciones a los gritos del resto de los pasajeros mezclada con una de las canciones de moda que sale de los auriculares del chico parado al lado mío y llega hasta la otra punta del vagón. Me pregunto ¿cómo puede escuchar la música tan fuerte? 

8.00: antes de entrar al trabajo, hago mi rutina de gimnasia. La profesora nos da la bienvenida a los gritos, con la energía bien arriba, y pone un tema que me hace acordar al carnaval de Brasil para acompañar la rutina. “¡Vaaaamos! ¡Arriba! ¡Despierten!” nos arenga. 

9.30 estoy sentada en la oficina, tomando un café y preparándome para arrancar. Prendo la computadora, me coloco mis auriculares con micrófono y me dispongo a atender al primer cliente que llame por la mañana. Si bien es temprano, siento una molestia persistente en el oído, como un zumbido. No soy plenamente consciente, pero estoy apretando la mandíbula. A media mañana me duele la cabeza y siento un pinchazo en la cervical. 

En este día ficticio, que puede ser el de cualquiera de nosotros, todo el tiempo estuvo a mi lado -aunque no lo viera- un compañero indeseable: el ruido. 

¿Qué es el ruido? 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación sonora o acústica provoca graves problemas de salud. Y, como vimos en los párrafos precedentes, nuestro estilo de vida urbano está colmado de ruido. Nos referimos a los sonidos superiores a los 65 decibeles (dB). A partir de los 75 dB pueden ser dañinos y de los 120 dB en adelante, directamente son dolorosos.  

En las ciudades, las principales fuentes emisoras de ruido son los vehículos, el tráfico aéreo, las obras en construcción, las actividades de ocio nocturnas (bares, discotecas, recitales), e incluso los animales. A estos ruidos del ambiente tenemos que sumarles otros que generamos nosotros al escuchar música o televisión a volúmenes elevados, especialmente si utilizamos auriculares. Y ni siquiera estamos considerando el ruido laboral. 

Si estamos expuestos en forma constante al ruido, más allá de molestias y malestares, podemos llegar a desarrollar algún problema de salud más grave: desde sordera o tinnitus hasta agitación, aumento de la presión arterial, dolor de cabeza, gastritis, estrés, ansiedad, fatiga y trastornos del sueño; entre otros. 

Decirle chau al ruido 

La gestión del ruido laboral y ambiental excede en mucho nuestras capacidades individuales. No obstante, siempre hay acciones a nuestro alcance para minimizar o contrarrestar los impactos negativos. Veamos algunas acciones simples y otras más complejas: 

  • Descanso: dormir en un ambiente libre de ruido, sin televisión, sin celulares, durante una cantidad suficiente de horas (que varía según la edad y otras características) ayuda a la recuperación del oído. Si fuera necesario, se pueden utilizar tapones u orejeras. 
  • Alternativas recreativas / deportivas: elegir deportes al aire libre, pasear en espacios abiertos (por ejemplo, parques públicos), realizar salidas nocturnas que eviten los lugares cerrados y ruidosos. Incorporar actividades que pueden realizarse en silencio (leer, pintar, meditar, correr, entre otros). 
  • Cambio de hábitos: acostumbrarse a escuchar música y televisión a volúmenes medios o bajos (menos de 70 dB), descansar de los auriculares (evitarlos o alternar su uso), alejarse de las fuentes de ruido (por ejemplo, colocar los parlantes lejos de donde estamos sentados), reducir el tiempo de exposición, evitar prender varios aparatos al mismo tiempo. 
  • Selección de elementos y dispositivos: a la hora de comprar auriculares para el teléfono, la computadora o para escuchar música leer las recomendaciones de seguridad y elegir aquellos que por ejemplo tengan limitador de volumen. 
  • Realizar consultas médicas (otorrino) para control general y frente a afecciones respiratorias o auditivas (gripes, resfríos, otitis, infecciones, etc). 
  • Higiene: secarse los oídos luego del baño y la piscina, no introducir ningún objeto dentro del oído (ni siquiera hisopos), solo se higieniza la parte externa de la oreja. 
  • Si vivimos sobre avenidas o lugares ruidosos y está dentro de nuestras posibilidades, la aislación acústica de los ambientes es de gran ayuda (doble vidrio con cámara de aire, cortinas de tela o alfombras que absorban el ruido, etc). 

Y, finalmente, como con cualquier riesgo, la información, concientización y educación desde temprana edad son muy importantes para ir desarrollando hábitos saludables que nos acompañarán a lo largo de la vida. Al estar informados podremos visibilizar los riesgos de ruido y adoptar medidas para evitarlos. 

Provincia ART ofrece material informativo para éste y otros riesgos. Para descargarlos hace clic acá

Fuentes consultadas: 

https://www.noisyplanet.nidcd.nih.gov/

https://www.gaesargentina.com.ar/

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