Columna del Experto

SALUD MENTAL EN LA POSPANDEMIA

27/10/2021

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* Por Ezequiel Dominguez, Lic. en Relaciones laborales y especialista en RSE – Prevención en Provincia ART.

El 10 de octubre se celebró en todo el mundo el Día de la Salud Mental, con el objetivo de equipararla con la salud física, y con el propósito de generar la toma de conciencia y sensibilización acerca de sus afecciones teniendo en cuenta su identificación, tratamiento y prevención.

El concepto de salud mental no es fácil de definir, no existe una definición única, y depende mucho de las distintas disciplinas científicas que lo abordan, perspectivas y culturas. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) se trata de “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

En Argentina, el artículo 3°, de la Ley Nacional de Salud Mental n° 26.657 la reconoce como: “un proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona”.

La Federación Mundial para la Salud Mental y la Organización Mundial de la Salud definieron esta jornada con la que se pretende impulsar iniciativas para aquellas personas que sufren la estigmatización, que son invisibilizadas o subestimadas, y suelen ser excluidas recibiendo un trato discriminatorio. El Día Mundial busca fortalecer lazos y apoyos sociales que favorezcan la atención, la mejora y el acceso a tratamientos.

¿Cuáles son los determinantes de la salud mental?

Los determinantes de la salud y trastornos mentales están relacionados con múltiples factores; entre ellos, biológicos, psicológicos y sociales. No solo están regidos por las características individuales y hereditarias. Van desde las cuestiones internas de cada persona como sus emociones, sentimientos, pensamientos, conductas y genéticas, hasta externos como las políticas públicas, la seguridad social, las condiciones laborales, la situación socioeconómica y el entorno comunitario.

Salud mental en tiempos de covid 19: el impacto de la pandemia

La problemática de la salud mental es una cuestión que ha tomado mucha relevancia en estos últimos años y, con la llegada de la pandemia, la situación se volvió más complicada generando un impacto negativo. Aparecieron cifras alarmantes debido al aumento de nuevos casos de personas afectadas en su salud mental y el empeoramiento de las que tienen afecciones mentales preexistentes. Aquellas personas que ya padecían trastornos mentales frente a situaciones de gran estrés y ansiedad, sumado a un panorama de incertidumbre, desconcierto e inseguridad provocado por este fenómeno mundial, presentan mayores dificultades para afrontar situaciones y adaptarse fácilmente.

El teletrabajo, la crisis económica mundial, la educación virtual de los niños, niñas y adolescentes, las restricciones en la circulación, las nuevas formas de relacionarnos por medio de la tecnología, los extremos cuidados para no enfermar y cuidar a la familia, la pérdida de seres queridos, la incorporación de nuevos hábitos de cuidado, los ritmos biológicos afectados, y la sobre información, causaron estragos en la salud mental, comprometiendo la integridad psicológica, social y emocional de las personas.

Los niveles estrés, ansiedad, preocupación, miedo, tristeza, y soledad aumentaron iniciando el período de cuarentena, y fueron empeorando a medida que la situación se volvió más crítica. Este escenario favoreció la aparición y el acrecentamiento de afecciones en la salud mental en todos los grupos etarios.

Problemáticas

  • En la pandemia, muchas de las actividades habituales y cotidianas, comenzaron a catalogarse como peligrosas: hacer las compras, reunirse con seres queridos, viajar en trasporte público, generando una mayor probabilidad de contagio, provocando elevados niveles de estrés y ansiedad, como también el miedo al contagio y la posibilidad de desarrollar determinada hipocondría.
  • El aislamiento y las restricciones incrementaron las cifras de depresión y soledad a niveles alarmantes y se dispararon con la misma rapidez que el virus, como también un aumento en las adicciones al alcohol y a las drogas, el tabaquismo, la automedicación y los trastornos alimenticios. Las personas dicen encontrarse sin ánimos ni motivación para realizar actividades habituales que normalmente disfrutaban.
  • La preocupación constante, el incremento de pensamientos negativos y repetitivos, elevan los niveles de ansiedad, provocando un estado de alarma permanente, aumentando el ritmo cardíaco, respiratorio, sensación de falta de aire, mareos, dolores musculares, contracturas, desmayos, agotamiento físico, mental, irritabilidad, nerviosismo, temor, desesperación, miedo a perder el control y problemas para dormir. Todo ello, afecta la capacidad de desenvolverse y enfrentar los desafíos y lo cotidiano del entorno.
  • Aumentaron los síntomas asociados al trastorno obsesivo compulsivo (TOC): El lavado de manos excesivo, la compulsividad por la limpieza y el miedo a la contaminación sumado a la perfección y la necesidad de controlar todo favorecen la aparición de conductas e ideas obsesivas.
  • La calidad del sueño relacionada con la salud mental, el estrés y ansiedad. Sus alteraciones y sus trastornos -como el insomnio- influyeron en el estado de ánimo, afectando a personas con depresión o trastorno bipolar.

Los aspectos positivos de la pandemia

Las consecuencias que hemos transitado en la pandemia han hecho que hablemos de covid-19 y hablemos de salud mental. Durante la Asamblea Mundial de la Salud de mayo de 2021, los gobiernos de todo el mundo se comprometieron en esta materia, ampliando los servicios de salud mental en calidad, en acceso y buscando nuevas formas de prestar atención en la población en general.

La solidaridad y colaboración fueron los aspectos fundamentales de esta pandemia, tanto de profesionales de distintas materias como la población en general. El desarrollo de habilidades como la inteligencia emocional, la comunicación asertiva, la empatía y la escucha activa dieron lugar a la conformación redes de apoyo y contención, donde las personas en situación de riesgo se sienten seguras de pedir ayuda, expresar sus emociones, sentirse escuchadas, sin emitir juicios de valor o quitar importancia al sufrimiento del otro y así disminuir el aislamiento y soledad.

Empezamos a valorar y dar atención a las pequeñas cosas de la vida, como salir a pasear a una plaza, tirarse a tomar unos mates, la jardinería, meditación, yoga, afianzar las relaciones familiares y amistad, fortalecer el lazo con nuestras mascotas, cocinar, cantar, leer, tocar un instrumente, soñar, que en ocasiones nos ayudan a sentir mejor.

Comenzamos a reflexionar acerca de nuestros actos, el rol que ocupamos dentro de la sociedad y qué tipo de sociedad deseamos que hereden las próximas generaciones

La pandemia tiene un gran impacto en la vida de las personas. La salud mental es uno de los mayores problemas que enfrentaremos en los próximos años producto de esta situación mundial. Tenemos un gran desafío por delante, pero gran parte de la solución está en la concientización y el trabajo en conjunto de todos los actores de la sociedad para enfrentar los nuevos desafíos en la salud mental.

Provincia ART ofrecerá el día 29 de octubre a partir de las 08:45hs, una conferencia sobre bienestar psicosocial. Para inscribirte hace clic acá.

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