Columna del Experto

TRABAJADORES Y TRABAJADORAS Y LA PREVENCIÓN DE LOS RIESGOS

12/01/2022

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* Por Jose Luis Pannunzio, Licenciado en Higiene y Seguridad – Servicios de Prevención en Provincia ART.

La participación de los trabajadores en materia de salud y seguridad laboral debe entenderse desde dos puntos de vista; por un lado, a partir de la motivación, y por otro, desde la forma de reconocimiento. Según lo señala Cortes (2010), con respecto a la primera forma de participación:

  • La mayoría de las personas, en el centro de una operación, tienen conocimientos tanto de los problemas como de las soluciones de estos. Por consiguiente, la forma correcta de participación produce tanto motivación como conocimientos valiosos para el éxito de la empresa.

Con respecto a la segunda forma de participación, se debe estimular la integración de los empleados en los asuntos y en los procesos de toma de decisiones, relacionadas con las actividades en las que tengan inherencia por causa de las responsabilidades asignadas, o en lo que corresponde a su desarrollo individual en el ámbito laboral.

De acuerdo con lo señalado por Escudero (2009), los trabajadores no solo tienen el derecho a estar informados y a ser consultados en lo que respecta a las medidas para la preservación de la salud y la seguridad laboral, sino también de ser capacitados para que puedan participar en la toma de decisiones sobre un tema que atañe directamente su estado de bienestar y, en consecuencia, el desempeño de las labores asignadas, lo que tiene particular incidencia en el impulso de su conducta. El término motivación ha sido objeto de planteamientos teóricos, en un intento por relacionar este factor individual con el comportamiento.

En este sentido la motivación ha sido entendida como un impulso, como un proceso o un conjunto de elementos que tienen efecto sobre la conducta.

Al respecto cabe destacar la teoría de Maslow quien explica la motivación en función de “un cierto número de necesidades básicas que abarcan a todas las especies, es decir, urgencias aparentemente inmutables, y, por su origen, genéticas o instintivas” (Goble, 1997, pág. 48).

De acuerdo con la teoría señalada, la conducta del hombre está en función de necesidades que se organizan en una jerarquía de preponderancia:

  • Necesidades fisiológicas: alimento, agua, oxígeno y sueño, entre otras que se consideran urgencias en la medida en que constituyen la base de la vida humana
  • Necesidades de seguridad: existencia ordenada en un medio ambiente estable, libre de amenazas que pongan en riesgo la vida o el estado de bienestar del individuo.
  • Amor y pertenencia: incluye las relaciones afectuosas con otros individuos, reconocimiento por parte de la sociedad o de los grupos de referencia.
  • Necesidades de estima: Acá se distingue entre la necesidad de autovaloración, por una parte, y, por otro lado, el respeto a los demás.
  • Necesidades de autorrealización: Es la necesidad de autoexpresión, de lograr en forma plena la capacidad personal de actuar. Se alcanza una vez que el resto de las necesidades ha sido satisfecho.

De acuerdo con los planteamientos de Maslow (1991), la falta de satisfacción de estas necesidades puede provocar en las personas condiciones de deficiencia, semejante a la falta de vitaminas, y generar enfermedades y accidentes.

En el ambiente laboral, todas estas necesidades están presentes como factores motivacionales que guían la conducta de los trabajadores, tal es el caso de la búsqueda de las mejores condiciones que aseguren el mínimo riesgo para la salud integral del individuo, ya que nadie puede prevenirse de aquello que desconoce.

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