Bienestar

MALES DE ÉPOCA: EL GROOMING

19/07/2022

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*Por Paola Zabala, directora de Comunidad Anti Bullying Argentina y liquidadora en Provincia ART. 

Algunas veces, con reticencia, nos encontramos tomando vocablos del idioma inglés para definir fenómenos nuevos, no por razones que tengan que ver con un vacío semántico, sino por cuestiones asociadas a la practicidad. A modo de ejemplo, el término “Bullying” se utiliza para denominar al hostigamiento que reciben niños, niñas y adolescentes (NNyA) en edad escolar, por parte de sus pares con la intencionalidad de dañar, someter o humillar. Con motivo de ahorrar palabras y ser más prácticos a la hora de expresarnos nos permitimos el uso de anglicismos. 

El término Grooming, del que nos ocuparemos en este artículo se refiere al proceso mediante el cual un adulto acosa sexualmente a un niño, niña u adolescente a través de medios digitales para concretar actos de índole sexual. Esto no implica que estos hechos deriven necesariamente en encuentros físicos, pero sus consecuencias de índoles física y psicológica no son menos graves para el menor y para su entorno. Algunas de las afectaciones psicológicas y físicas pueden ser depresión, ansiedad, alteraciones en el sueño, trastornos de la alimentación, ideaciones suicidas, autolesiones entre otras. 

Cuando me refiero a este flagelo como un mal de época quiero decir que antiguamente los pederastas obtenían contacto con los niños en alguna plaza, ejerciendo profesiones que impliquen el contacto con NNyA como la docencia o la medicina, haciéndose amigo de familias con menores; pero actualmente llevan a cabo acciones de acoso desde la comodidad de su hogar, desde el completo anonimato, simplemente sentados detrás de una computadora.  

El groomer no es ningún improvisado, estudió muy bien cómo llevar adelante este acecho, se ha perfeccionado, ha estudiado la mejor forma para acercarse a sus víctimas. Saben perfectamente como acercarse a NNyA, no actúan impulsivamente, sino que se encuentran entrenados para llevar a cabo su accionar. Se interiorizan en el uso de redes sociales y, en algunos casos, se instruyen acerca de los ídolos de los chicos, sus gustos musicales, equipos de futbol para poder establecer con ellos un punto de conexión. Ya no debemos pensar en el pederasta o pedófilo como alguien encapuchado, que actúa en la oscuridad. Puede tratarse de un afamado pediatra, un simpático profesor, el vecino más amable. Estas personas construyen perfiles socialmente aceptados justamente para disuadirnos y ocultar sus intenciones.  

Pero antes de continuar quiero hacer una aclaración importante; los términos pedófilo y pederasta que coloquialmente se utilizan como sinónimos refieren a diferentes trastornos sexuales. La pedofilia es una parafilia que consiste en la atracción sexual hacia menores de edad, pero no tiene que intentar mantener necesariamente relaciones sexuales. Denominamos Pederasta a quienes intentan concretar el abuso sexual a través del contacto físico. Es decir, no todos los pedófilos son pederastas, pero si todos los pederastas son pedófilos.  

Me gratifica contarles que en materia judicial el “Grooming” configura un delito en nuestro país. Desde el 13 de noviembre de 2013 el congreso sancionó la Ley 26.904 quedando incorporada de esta manera la figura al código Penal. En su artículo 131 establece que Será penado con prisión de seis (6) meses a cuatro (4) años el que, por medio de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos, contactare a una persona menor de edad, con el propósito de cometer cualquier delito contra la integridad sexual de la misma”. Considero esto como un avance muy importante en materia jurídica. Sin embargo, aún nos falta seguir avanzando en términos de mejoras acerca de este flagelo en materia de educación ciudadana. En este sentido, a mi juicio, la mejor herramienta con la que contamos siempre es la Prevención. Evitar llegar tarde es primordial entender que cuando les damos el primer dispositivo a los niños/as debemos estar dispuestos al diálogo y la formación. 

En promedio en nuestro país los niños poseen su primer celular a los ocho años, pero en un bajo porcentaje los padres se atreven a adentrarse en temas como este sin tabúes. Caemos en el lugar común de hablar cuando nos encontramos frente a los problemas. 

Es prioritario entender que, así como nos ocupamos de educar a los chicos en el mundo real, debemos interesarnos de protegerlos en el mundo digital (entiéndase digital y no virtual). Porque lo que sucede en el “mundo digital”, donde los chicos pasan tantas horas tiene consecuencias en el mundo real. No debemos ofrecerles dispositivos tecnológicos sin información ni acompañamiento. La educación digital es necesaria, y los programas de control parental nunca podrán reemplazar el diálogo.  

La brecha generacional que separa padres e hijos no debiera ser también digital. Es nuestro deber como adultos no dejar a NNyA como huérfanos digitales, sin una referencia que los acompañe y ayude a contextualizar, comprender lo que sucede a su alrededor. Es perentorio como adultos la alfabetización digital para poder acompañarlos y cuidarlos también en este medio.   

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